La ciudad nos devora: el tráfico, la prisa, el cansancio, los horarios, un ritmo que no da pausa, una rutina que a veces no nos permite mirar, ver. Sin embargo, algo nos lleva, como tendiendo un puente, a otra ciudad posible.
"Oimene tajy poty pe cerro omopytamba. Oiméne hyakua porä opárupi ka'aguy”…Así canta y cuenta una conocida polca paraguaya, y no se equivoca, pero los lapachos también están aquí: abrazando a la ciudad.
▼Están aquí, desafiando a la maraña de cables, al cemento, a la polución. Según el “arandú ka’aty”, el estallido rosa de los lapachos es la manera que la naturaleza elige para anunciarnos el final días fríos

▲▼Parque Carlos Antonio López.
▲Existen seis variedades de lapachos en el Paraguay y el tajy blanco, según los especialistas, es producto de una mutación genética que todavía no han podido determinar. Los indígenas QOM –TOBA tienen una hermosa leyenda sobre este árbol.
▲Plaza Uruguaya.

▲Los lapachos, en cualquiera de sus tres colores, aparecen siempre en pinturas de paisajes rurales. En esta foto la vemos como marco de una estampa típicamente campesina. Pero el tajy, y su regalo de flores, también invade nuestras ciudades. ▼
▲Los lapachos, en cualquiera de sus tres colores, aparecen siempre en pinturas de paisajes rurales. En esta foto la vemos como marco de una estampa típicamente campesina. Pero el tajy, y su regalo de flores, también invade nuestras ciudades. ▼





3 comentarios:
Bonito reportaje con el elemento común de las flores, la última foto preciosa, como todas. Saludos
Hermoso!
impresionante!!!
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