jueves, 15 de marzo de 2012
La vida es un soplo
Los sueños de los niños son así: brotan a montones, transparentes, coloridos, volanderos, frágiles...
jueves, 19 de enero de 2012
Tereré jeré
jueves, 12 de enero de 2012
Asaje Pyte
Los rayos del sol caen a plomo sobre el pueblo volviéndolo invisible. El caserío no es más que una mancha opaca en los reflejos. La luz solar empaña los colores, aplasta los contornos, borra los horizontes, destiñe la comba azulada del cielo. El espacio se ha coagulado en la calina blanca. En esta ausencia de luz, por exceso de luz, como en la felicidad excesiva, la muerte no parece estar en ningún sitio. La vida tampoco.”
"Madama Sui" Augusto Roa Bastos
jueves, 15 de diciembre de 2011
"Rancho que camina"
con su lento andar, este "Rancho que camina" forma parte de ellos.
Es así como a su paso la estampa de esta tierra cobra vida:
late en las pisadas de los bueyes,
gime en los ejes de las ruedas,
canta, en el silbido del tropero “hi´aïtema ñaguahé”...
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Atardeceres
atardeceres se resisten a que los llamen "ocaso".
No son un final, son sólo la perfecta antesala
de noches cómplices....
martes, 15 de noviembre de 2011
Mujeres del Agua
–Aháta aiko ype.
Así dicen las mujeres lavanderas, a manera de despedida en el hogar, cuando se dirigen al arroyo.
La frase, cuya versión en castellano sería “Me voy a lavar ropa”, traducida literalmente significa: “Me voy a vivir en el agua”. Y no es una exageración. El guaraní popular ha sabido capturar sabiamente la exacta imagen de una estampa cultural que hoy se encuentra en vías de extinción.
Mujeres que viven toda su vida en el agua.
Mujeres que son de agua.
Mujeres que lavan la ropa como si lavaran la vida misma, como si ellas tuvieran el designio divino de enjuagarnos la esperanza, cada vez que se nos ensucia, y de extenderla otra vez inmaculada, como una sábana blanca brillando bajo el sol.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
"Cielo de Ñandutíes"
jueves, 27 de octubre de 2011
Ruinas
Los hombres se van, y las cosas que abandonan tejen telarañas mientras esperan su regreso. Si sobreviven, (al sol, la lluvia, el destiempo y el olvido) estas cosas quedan cubiertas de una melancólica belleza.
En las Ruinas de Trinidad del Paraná, a unos 30 km de la ciudad de Encarnación, la grandiosidad del pasado es adornada por frágiles florecillas del campo, por brotes que nacen de la roca: distracciones de la espera, esperanzas.-
lunes, 26 de septiembre de 2011
Escuela Indígena
Ya casi ninguno lleva el nombre en guaraní. Milton, Janina, Omar, así se llaman los niños de la escuela Indígena de la comunidad Santa Carolina de Kiray* una zona acorralada por la deforestación, las grandes estancias ganaderas y los sojales.
Los niños desayunan en la escuela, con lo que en la escuela producen, lechugas, tomates, melones _es una forma de lograr que asistan_ cuenta en guaraní una de las madres encargadas de la cocina.
No tienen suficientes útiles, ni aulas, ni maestros, ni alumnos, es que tampoco tienen suficientes bancos _algunos dejaron de venir cansados de tener que sentarse en el suelo_ relata preocupado un profesor.
No todo es carencia, lo que sí tienen, es algo que cuesta describir: un brillo raro en los ojos, una chispa de tristeza y de esperanza, una luz que desborda las letras.






