Tal vez la llegada de tantos cables fue lo que les cortó el
vuelo. Yo creo que sí. Fue esa maraña la
que impidió, hasta en los pequeños barrios, remontar los colores y las formas
que la imaginación y la economía dictaban.
Pero hay que reconocer que no solo creció la ciudad, también
ellos han crecido. Llegaron otros niños y con ellos nuevos juegos.
